El hecho de que las islas estén lejos de todo, y de que el sol no esté nunca garantizado, ha hecho que el turismo se haya limitado sobre todo a quienes buscan tranquilidad, cierta intimidad, filosofía, espacio y una naturaleza sin pulir. Por eso, el turismo nunca ha llegado a ser masivo, y precisamente por eso las islas han podido conservar su carácter propio.
"Desde los acantilados podrá ver la fuerza de las olas al romper y la inmensidad del océano. Nada le separa del sur, hasta llegar a la Antártida."
Es un lugar ideal si le gustan las vacaciones más activas o más meditativas. Encontrará entretenimiento, por supuesto, aunque la vida nocturna suele ser bastante tranquila.
Desde los acantilados podrá ver la fuerza de las olas al romper y la inmensidad del océano. Nada le separa del sur, hasta llegar a la Antártida. Las islas cuentan además con numerosas calas escondidas y playas ocultas donde relajarse y disfrutar del paisaje. Ya sea explorando montañas escarpadas y acantilados, o buscando la orilla del mar, el paisaje costero de las Azores le sorprenderá con una belleza incomparable en cualquier estación y con cualquier tiempo.
También hay mucho que descubrir bajo tierra: podrá explorar ese mundo escondido, a varios metros de profundidad, acompañado siempre de guías con experiencia. En el camino le esperan auténticas maravillas geológicas: cuevas, estalactitas y estalagmitas, lagos subterráneos y formaciones naturales que realmente no encontrará en ningún otro lugar.
Como visitante, le conviene pensar de antemano qué hacer los días de lluvia, aunque siempre encontrará muchas opciones. También puede, simplemente, pasear y descubrir las islas sin necesidad de hacer nada en concreto.





